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La expresión en el rostro de los riders una vez que comenzaron a llegar al Centro de Convenciones de Salta lo decía todo. Una mezcla de sueño, fatiga y hambre se había apoderado de sus cuerpos, y es que tras un largo día que incluyó más de 1.000 kilómetros de recorrido desde la ciudad boliviana de Uyuni, necesitaron nada menos que 18 horas para arribar al bivouac de la 8a etapa de competencia, manejando sobre 200 kilómetros adicionales para evitar el alud que se produjo en la Zona de Volcán. Demasiado esfuerzo y estrés humano poco recompensado, dado que a solo cuatro jornadas del final el Dakar 2017 va encaminado a ser uno de los más caóticos de todos los tiempos (incluyendo las ediciones de África), con dos etapas anuladas y varias especiales acortadas, lo cual ha reducido el atractivo deportivo a la mínima expresión.

Pablo Quintanilla: “Nunca en mi vida había andando tantas horas sobre una moto. Más de 1.200 kilómetros. Lo único que quiero es comer y dormir”.

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